No pierdes dinero por falta de ventas. Lo pierdes por falta de control.
El empresario trabaja cada vez más, .pero los resultados no acompañan. La facturación se mueve, pero la rentabilidad no aparece. El siguiente nivel nunca llega.
Al final, queda siempre la misma sensación: sobrevivir, no prosperar.
Sin método y sin planificación, crecer deja de ser una conquista y se transforma en una amenaza.